El cardenal Cipriani preside Misa por el 250 aniversario de la Hermandad del Señor de los Milagros en Perú

El arzobispo primado de Lima, Juan Luis Cipriani, reflexionó la importancia de venerar la sagrada Cruz, dado que "la Cruz es trono de gloria, de gozo, de dolor, de generosidad, de cariño; es la mayor prueba que tiene el amor de Dios", y recordó a todos los miembros de las hermandades que pertenecer a ellas no les debe generar un estatus de vanidad, sino de humildad. 

Autor: Jennifer Almendras. / Fuente: Gaudium Press.

"TANTO NOS AMÓ QUE MURIÓ EN LA CRUZ".

El cardenal y arzobispo primado de Lima, Juan Luis Cipriani, reflexionó la importancia de venerar la sagrada Cruz, dado que "la Cruz es trono de gloria, de gozo, de dolor, de generosidad, de cariño; es la mayor prueba que tiene el amor de Dios", al presidir el 3 de mayo pasado la Misa por la celebración de los 250 años de las cuatro primeras cuadrillas de la Hermandad del Señor de los Milagros, cuyo director espiritual es el sacerdote Jaime Calvo.

El prelado sostuvo que debemos meditar "contemplando con los ojos del alma, contemplando esa sagrada imagen del Señor de los Milagros, el Señor en la Cruz". "Con su Madre al lado y el apóstol San Juan, con sinceridad contemplemos en este día como con un espejo viendo nuestras vidas, nuestras familias, nuestra hermandad, nuestras cuadrillas, nuestros hijos. Mirando todo eso, como un espejo delante del Señor de los Milagros. La Cruz no es esa señal mala, problemática, oscura que el mundo de hoy quiere decir, no", afirmó. 

"La Cruz es trono de gloria, de gozo, de dolor, de generosidad, de cariño. Es la mayor prueba que tiene el amor de Dios. Tanto nos amo que murió en la Cruz. Qué bonita es la Cruz, esa Cruz que duele, esa Cruz en la que el Señor entrega la última gota de su sangre, esa Cruz en la que el Señor se presenta como un esclavo, desposeído, maltratado, burlado, más que nunca", aseguró Cipriani. Después, recordó a todos los miembros de las hermandades que pertenecer a ellas no les debe generar un estatus de vanidad, sino de humildad, y pidió a los miembros de la Hermandad que renueven su promesa con el Señor y que mantengan fuerte esta fe popular.