Francisco: «La familia introduce vínculos de fidelidad, sinceridad, confianza, cooperación, respeto»

El Papa reflexionó nuevamente sobre la familia, en la Plaza de San Pedro, durante la audiencia general de los miércoles, dado que durante semanas las habituales catequesis del Pontífice estarán dedicadas al Sínodo que se realiza hasta el 25 de octubre en Roma.

Autor: Jennifer Almendras. / Fuente: ACI Prensa.

"NO SE LE DA EL PESO DEBIDO".

Francisco aseguró que "la familia introduce vínculos de fidelidad, sinceridad, confianza, cooperación, respeto", al reflexionar nuevamente sobre la familia, en la Plaza de San Pedro, en la audiencia general del miércoles, dado que durante semanas las habituales catequesis del Pontífice estarán dedicadas al Sínodo de los Obispos que se realiza hasta el 25 de octubre.

"La familia abre para la entera sociedad una perspectiva más humana: abre los ojos de los hijos sobre la vida, y no solo la mirada, sino también los otros sentidos, representando una visión de la relación humana edificada sobre la libre alianza de amor. La familia introduce a la necesidad de vínculos de fidelidad, sinceridad, confianza, cooperación, respeto; anima a proyectar un mundo habitable y a creer en las relaciones de confianza, también en condiciones difíciles; enseña a honrar la palabra dada, el respeto de las singulares personas, el compartir de los límites personales y de los otros. Y todos somos conscientes de lo insustituible de la atención familiar por los miembros más pequeños, más vulnerables, más heridos y aún los más devastados por las conductas de su vida. En la sociedad que practica estas actitudes, las ha asimilado por el espíritu familiar y no de la competición y del deseo de autorealización", afirmó.

El Papa lamentó que "aún sabiendo todo esto, no se da a la familia el peso debido, es decir, reconocimiento y apoyo, en la organización política y económica de la sociedad contemporánea". "La familia no solo no tiene reconocimiento adecuado, pero ¡no genera más aprendizaje! A veces se diría que, con toda la ciencia y la técnica, la sociedad moderna todavía no es capaz de traducir estos conocimientos en formas mejores de convivencia civil. No solo la organización de la vida común se encalla más, en la burocracia del todo extraña a los vínculos humanos fundamentales, pero incluso la costumbre social y política muestra a menudo signos de degrado como la agresividad, vulgaridad, desprecio, que están muy por debajo del umbral de una educación familiar mínima. En tal coyuntura, los extremos opuestos de este embrutecimiento de las relaciones como la torpeza tecnocrática y el familismo amoral se conjugan y se alimentan mutuamente. Es en verdad una paradoja", aseveró.